Hace
mucho tiempo, cuando era pequeña me contaron un cuento que se me quedó grabado
en la memoria de niña, ahora de mayor lo comprendo todo mejor.
Se
celebraba una carrera de conejos y había una gran multitud de gente dispuesta a
animarlos. El objetivo era llegar al pico más alto de la montaña.
Empezó
la carrera.
Los
espectadores no creían que pudieran alcanzar la cima de aquella montaña tan
alta.
Lo
que se escuchaba era:
-¡Qué pena! Esos conejitos no lo van
a conseguir, no lo van a lograr…
Los
conejos comenzaron a retirarse. Pero había uno que persistía y continuaba
subiendo en busca de la cima.
La
multitud gritaba:




