STAVOREN
(LEYENDA HOLANDESA)
En
el suave paisaje holandés, neblinoso y lluvioso, donde aparece a veces un sol
tibio y pálido, se erguía en otros tiempos la bella ciudad de Stavoren.
Hace
más de seis siglos Stavoren era la más rica de todas las ciudades comerciantes
de Holanda. Su puerto era siempre un bosque de mástiles y jarcias de
bergantines. De allí salían los barcos que surcaban todos los mares y
regresaban cargados de los más bellos y ricos productos de todos los países.
Crecía
la abundancia de Stavoren y aumentaban los palacios de mármol guarnecidos de
oro. Había en la ciudad gentes humildes, pero era más el número de orgullosos
potentados que derrochaban sus riquezas en magníficas fiestas.
Entre
todos los ricos comerciantes de Stavoren, ninguno tan soberbio y opulento como
el joven Richberta. Su numerosa flota mercante traía diamantes, perlas y oro de
tierras lejanas. Las riquezas de Richberta eran incalculables. Su palacio era
el más hermoso, y en los festines no
faltaban los manjares más valiosos y refinados. Al tiempo que crecían los
tesoros de Richberta crecían su vanidad
y su desprecio hacia las gentes
humildes.
