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domingo, 26 de abril de 2026

LA CANTIMPLORA ROJA Y EL MUNDO POR ESTRENAR


Memorias de un Domingo de Resurrección en Cebreros y la fiesta de la limonada.

Hay recuerdos que no vuelven, pero siguen vivos en el cuerpo, como un olor que despierta de pronto o una luz que regresa sin avisar. Hubo un tiempo en que una simple merienda podía ser una aventura, y una cantimplora roja colgada del hombro bastaba para creer que el mundo era enorme. A veces basta un objeto pequeño para abrir una puerta entera de recuerdos; en mi caso fue aquella cantimplora ligera como un juguete y seria como un tesoro. Bastaba una bolla envuelta en papel y el permiso de mi madre para caminar unos metros más allá. Así empezaba la fiesta de la limonada, y así empezó también mi manera de mirar la vida, con la sensación de que todo estaba recién estrenado.

 

Esa mañana de domingo, El Niño Perdido se había encontrado con su madre en la carretera, detrás de la Iglesia Vieja. No estaba perdido: había muerto y, después de tres días, había resucitado. Qué forma de repicar las campanas; parecía que iban a salir volando. Transmitían alegría y gozo. Todo se veía distinto, los colores brillaban más y la gente tenía otra cara, como si se les hubiera levantado del pecho esa pena silenciosa que pesa tanto.

 

Terminada la procesión y la misa empezaba la fiesta, la de la limonada. Cuando llegué a casa, mi padre la estaba preparando. Vino tinto, agua, limón y azúcar. Parecía un ritual. Mi madre, a su lado, era como un director de orquesta: —Echa más azúcar, que sabe mucho a limón. Ponle más agua, que está fuerte para la niña.

 

A mí me había comprado una bolla para la merienda. Era lo típico del Domingo de Resurrección, y la fiesta se alargaba al lunes y al martes.

 

Todos los años me dejaban ir con mis amigas hasta El Bolo, allí donde la Virgen se había encontrado con su Hijo, donde terminaba el pueblo y empezaban las viñas. No distaba mucho de mi casa, unos 300 o 400 metros, pero para mí era una aventura. Ese año, además, nos dejaban ir más lejos, hasta El Mancho, a la casa de la tía de una de mis amigas. Iban también los chicos de la calle. Aquello iba a ser el no va más. La primera vez que me dejaban ir tan lejos, aunque no llegara ni al kilómetro.

 

Cada una llevaba su bolla y su limonada como podía, en un botellín, en una botella de gaseosa o en una cantimplora. No todo el mundo podía presumir de cantimplora. La mía me la habían comprado en el mercadillo de la plaza. Era pequeña, de plástico rojo con el tapón azul. Qué bonita me parecía. No tendría más capacidad que una taza de leche, de esas en las que desayunaba mis sopas de pan con la leche de cabra que vendía la “tía Eugenia”.

 

La jornada prometía. Llevábamos una cuerda para jugar a la comba y alguna pelota. Yo iba feliz con mi merienda, la cantimplora colgada del hombro y la bolla en un pequeño bolso. Mi madre salió a despedirme como si me fuera a la guerra: —Ten cuidado. A ver si te vas a caer. No te retires de la casa ni de tus amigas. Ponía esa cara entre angustia, miedo, pena y preocupación que yo no podía resistir.

 

Y, claro, me metió miedo. Ya pensaba en el hombre del saco, en que me iban a raptar, en que no la volvería a ver. Pobrecita mi madre, qué sería de ella sin mí. Se me quitaron las ganas de ir. Qué mal, me sentía culpable por dejarla así.

 

Hacía un sol radiante. El campo estaba verde y todo parecía nuevo. Olía a primavera y a flores. Me sentía feliz, aunque acordándome de mi madre. Merendamos y jugamos hasta que una de las amigas empezó a encontrarse mal. Como estábamos al lado de la casa de la tía de una de las chicas, fuimos a llamarla. Nosotras no sabíamos qué le pasaba; pensábamos que se moría. ¡Qué disgusto!.

 

La tía lo solucionó con un café puro: “a ver si vomita y se le pasa”. ¿Qué le había ocurrido? Muy sencillo, su padre no hizo limonada y le habían echado vino puro, del que tenían en casa, ese que preparan todos los años con las uvas de la vendimia y que suele tener muchos grados. Se había embriagado sin querer. Yo no pensaba que eso pudiera suceder a una niña.

 

¡Dios mío, qué susto! Qué impotencia verla tumbada en el suelo, sin moverse. Todas en silencio, nadie se atrevía a hablar, pensando que si se moría ¿Cómo decírselo a su madre? ¿Cómo podía ponerse tan mal bebiendo un poco de vino? Cada uno que piense lo que quiera, pero nos arruinó el día… y la fiesta de la limonada.

 

Aquel sobresalto no consiguió borrar la emoción de sentirnos mayores por un rato. De todo aquello me quedó algo más que una anécdota, la certeza de que incluso los momentos torcidos guardan un brillo propio. El de la limonada un poco fuerte, el de la bolla, el del sol de abril… y el de la niña que fui, mirando el mundo como si todo estuviera empezando.


Hoy, cuando lo recuerdo, me sonrío, qué poca limonada hacía falta para sentirnos libres, y qué poco vino para que una tarde se nos fuera de las manos. Así era la vida entonces, sencilla, intensa y siempre sorprendente, con un sabor dulce que todavía permanece. Y ya nadie lleva una cantimplora roja colgada del hombro.

 

Josefina Mateos Madrigal

26 de abril de 2026

 

 

domingo, 5 de abril de 2026

DOMINGO DE RESURRECCIÓN, LA SONRISA QUE SIEMPRE ESPERABA.

Procesión del Domingo de Resurrección, 

Hoy, Domingo de Resurrección, las campanas vuelven a sonar con esa fuerza que solo tienen en los días grandes. Son campanas de alegría, de luz, de un pueblo que por fin respira después del peso silencioso de la Semana Santa. Atrás quedan la música grave de la banda, las calles semioscuras, el paso lento de las imágenes que parecían acompañar un entierro sin música.

 

Hoy todo renace.

 

Cuando era niña, este día tenía algo mágico. Todos queríamos ir a la procesión del Resucitado para ver reír a la Virgen en su encuentro con el Hijo. Salían por calles distintas y se encontraban detrás de la Iglesia Vieja, en la carretera del Burguillo, junto al Bolo. Ese momento era esperado por todos: madres, padres, niños subidos a hombros para no perder detalle. Yo nunca sabía con cuál ir, si con la Virgen o con el Niño.

 

Mi madre no venía conmigo; no recuerdo verla en las procesiones. Pero allí estaban las demás madres, guiando a sus hijos, contándoles que la Virgen sonreía justo cuando le cambiaban el manto: del negro del luto al blanco de la alegría. Yo, por más que miraba, nunca lograba ver esa sonrisa. Me decepcionaba un poco, pero siempre pensaba: el año que viene no se me escapa.

 

También me impresionaba el Resucitado. Le llamaban “el Niño”, pero tenía barba, y eso me confundía. Me imponía respeto, casi miedo, y no me atrevía a mirarle mucho a la cara. Tampoco entendía por qué no llevaba ropa, solo un paño. En el fondo me daba pena verlo así.

 

En aquel mismo lugar ponían bollas en las imágenes para los monaguillos. Las campanas no dejaban de sonar hasta que la Madre y el Hijo entraban en la iglesia. Entonces sí: la Semana Santa había terminado. Se acababan las cortinas moradas, el recogimiento, la seriedad. Todo volvía a llenarse de luz.

 

Yo sentía que había cumplido: había confesado, comulgado, asistido a misa y a los oficios. Quería seguir siendo una niña buena, que el Señor estuviese orgulloso de mí y me quisiera mucho. Y, por supuesto, el año siguiente volvería a intentarlo: ver reír a la Virgen, ese gesto que todos decían haber visto menos yo.

 

Hoy, tantos años después, sigo escuchando esas campanas como un recordatorio de que siempre hay un renacer posible. Que la luz vuelve. Que la alegría regresa. Que, de alguna manera, todos seguimos siendo aquella niña que esperaba no perderse el milagro.

 

Josefina Mateos Madrigal

5 de abril de 2026


 

lunes, 11 de marzo de 2024

ES MÁS FÁCIL VER LA PAJA EN EL OJO AJENO QUE LA VIGA EN EL PROPIO


 

"SIEMPRE ES MÁS FÁCIL VER LA PAJA EN EL OJO AJENO QUE LA VIGA EN EL PROPIO". Con mucha facilidad nos damos cuenta de los defectos ajenos, cuando los nuestros pueden ser mayores.

El que vee la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo (El Quijote II 43).

Se trata de una frase bíblica (San Mateo 7, 3-5; San Lucas 6, 41). Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano. Para qué miras la paja en el ojo ajeno, y no consideras la viga en el tuyo propio. Médico cúrate a ti mismo.

San Pablo dijo: No tienes excusa o juez, porque lo que a otros juzgas, a ti te condenas.

No juzgues y no serás juzgado.

Qué fácil es criticar lo que otros dicen o hacen. Cuánta hipocresía hay y cuán hipócrita son algunos. Recuerda que antes de criticar es mejor usar un espejo y no una lupa.

NO HAY QUE RASGARSE LAS VESTIDURAS, que es lo mismo que reaccionar de una forma exagerada ante lo que otros hacen, cuando tu actúas de una manera hipócrita.

Un ejemplo es lo que narro a continuación.

El otro día nos despertamos con una noticia muy triste la muerte de una joven en un accidente de coche y en el que otras dos personas resultaron heridas de gravedad, uno de ellos murió a las pocas horas. Alguien que pasaba en ese momento por la carretera sacó un video, dicen que fueron unos menores que iban a una excursión, en el se veía los servicios de emergencia, y de la guardia civil, un helicóptero, ambulancias y los dos coches que se habían pegado de frente, pero no se veía las matrículas ni nada que pudiese identificar a quien correspondían ni a las personas que iban en ellos. Este vídeo empezó a correr por las redes de Internet y al poco tiempo apareció la noticia en periódicos y televisiones. Hasta ese momento no se sabía quiénes eran los implicados. Los hay que han nacido sabiendo cosas antes de nacer ¡que listos son! deben de tener un don especial. Nada se decía de dónde y quienes eran los que habían tenido el accidente. Estos iluminados y adivinos empezaron a hacer comentarios en las publicaciones que habían aparecido en Facebook como que ese vídeo había que quitarlo por respeto a los familiares. Otros que era muy doloroso ver estas cosas y que se deberían de quitar. Que no deberían subirse estos vídeos porque es  una pena para la familia. Varias personas se metían con la música que se escuchaba de fondo y se había grabado al mismo tiempo, pedían que se eliminase la música y de paso el vídeo. Alguno más comentaba que ya la noticia era bastante trágica para retransmitirla y que no les gustaba que se hubiese hecho. Unos se copiaban a otros y repetían una y otra vez que se quitase el vídeo por respeto a la familia. Para colmo y morbo preguntaban qué quienes eran y si se conocía a la familia.

Hubo personas que se molestaron porque subí a mi grupo, del que soy administradora, y lo forman miembros de todas partes del mundo, dos fotografía del domingo de carnaval, cosa que hago todos los días para que la gente que no ha estado allí y las personas que han participado en el desfile puedan verlas. Los hay que se han sentido ofendidos hasta llegar a decirme que Cebreros no estaba para carnaval, que era inapropiado en estos momentos, que mis publicaciones podían esperar unos días y que los carnavales habían finalizado hacía más de 15 días. Que la gente a cuenta del accidente no pensaba en eso (fotos) porque había que tener un poco de compasión, por la fallecida y por los familiares. Yo digo que si tanto le afectaba que pusiese fotos de carnaval ¿Por qué se metió a verlas? Algunos se parecen a la vieja del visillo que solo están en el grupo para ver que pones o que dicen y de paso criticar lo que haces. Lo hagas bien, o lo hagas mal, criticar es lo suyo.

Siento mucho todo lo sucedido y más cuando pasan desgracias como esta por el dolor que produce la muerte de una persona joven, y de esa forma tan trágica. Ha pasado otras veces que ha habido accidentes y han muerto personas conocidas y nadie ha comentado nada al respecto. Los bomberos y la Agencia de Seguridad han subido videos y nadie ha criticado. Basta que uno comente algo para que otros como corderitos digan lo mismo.

Josefina Mateos Madrigal

11 de marzo de 2024

lunes, 3 de enero de 2022

EL AVE FÉNIX


 

Desde pequeña oí hablar del Ave Fénix como un pájaro bonito que nunca moría, se calcinaba y volvía a nacer hoy comparto su bonita historia.

La leyenda del Ave Fénix relata la historia de un ave capaz de renacer de sus propias cenizas. Su origen se remonta a Libia y Etiopía, aunque su nombre proviene del griego phoenicoperus y significa rojo, nombre que recorrió toda la Europa romana. Representado como un enorme pájaro envuelto en llamas y de plumaje como el fuego, se lo consideraba un semidiós, pues era consumido por las llamas, para luego renacer de sus cenizas. Era un animal sagrado que –según Herodoto, Plinio el Viejo y Epifanio de Salamina- sólo existía en Egipto, volaba hacía el altar del Heliópolis cada quinientos años, donde se incendiaba con el fuego y renacía al día siguiente. Allí se lo llamaba Bennu y simbolizaba las crecidas del Nilo, la resurrección, y el Sol, que muere y renace todos los días. Es un símbolo universal de la muerte generada por el fuego, la resurrección, la inmortalidad y el sol. También representa la delicadeza ya que vive solo del rocío sin lastimar a ninguna criatura viviente.

Cuando le llegaba la hora de morir, el ave Fénix hacia un nido de hierbas aromáticas y ponía en él un único huevo. Después de empollarlo durante algunos días, una noche, al caer el sol, el Fénix ardía espontáneamente, quemándose por completo y reduciéndose a cenizas. Gracias al calor de las llamas, se terminaba de empollar el huevo y, al amanecer, el cascarón, se rompía, resurgiendo de entre los restos aún humeantes el ave Fénix. No era otra ave, era el mismo Fénix, siempre único y eterno, aunque siempre más joven u fuerte que antes de morir. Eternamente más sabio porque tenía, además, la virtud de recordar todo lo aprendido en su vida anterior.

Según la tradición cristiana primitiva esta ave vivía en el Jardín del Edén, debajo del Árbol del Bien y del Mal, nació un pájaro, de bello plumaje y un canto incomparable, y cuyos principios le convirtieron en el único ser que no quiso probar las frutas del Árbol. Cuando Adán y Eva fueron expulsados del Paraíso, cayó sobre el nido una chispa de la espada de fuego del ángel que los echó y el pájaro ardió al instante, pero a ser la única bestia que se había negado a probar la fruta prohibida, le fue concedida la inmortalidad a través de la capacidad de renacer de sus cenizas.

Según el mito poseía varios dones extraños, como la virtud de que sus lágrimas fueran curativas, una fuerza sobrenatural, control sobre el fuego y gran resistencia física.

De esta leyenda o historia podíamos sacar una lección o enseñanza, aprender de los fracasos, volver a intentar lo que no se consiguió enriquecido por la experiencia, y crecer en la adversidad. Nuestros ancestros nos dejaron un mensaje de enaltecimiento a la resistencia ante la adversidad, lo que no te mata te hace más fuerte. Una experiencia traumática siempre es negativa, sin embargo, lo que acontezca a partir de ella depende de cada persona. En nuestro ánimo está levantarnos de nuevo, cobrar vida una vez más a partir de nuestras cenizas en una victoria sin igual o por el contrario, desmoronarnos. Es a la vez símbolo de la inmortalidad y de la resurrección, así como de que la esperanza nunca debe morir en el hombre.

Si estás triste, deprimido, sin ilusión, sin sueños, o en una etapa de tu vida que lo estés pasando mal tienes que renacer,... así que levántate y emprende el vuelo..."

Josefina Mateos Madrigal         (3-01-2022)

martes, 19 de octubre de 2021

UN PADRE PREOCUPADO POR LA FELICIDAD DE SU HIJO


 

UN PADRE PREOCUPADO POR LA FELICIDAD DE SU HIJO

He leído esta bonita historia que quiero compartir en mi blog, espero que disfrutéis con ella, de todo se aprende y este escrito da buenos consejos para quien quiera tomarlos. Jackson Brown es un padre preocupado por la felicidad de su hijo y por ello le escribió estos “consejos” cuando éste se fue a estudiar a la Universidad, lejos de su casa. Su hijo decidió fotocopiarlos y los distribuyó entre sus compañeros. Los mensajes tuvieron tanto éxito, que una editorial le pidió autorización a Brown para editar un libro con ellos, Life's Little Instruction Book, una publicación que rápidamente se convirtió en un best seller traducido a varios idiomas.

Hijo:

• Cásate con la persona correcta. De esta decisión dependerá el 90% de tu felicidad o tu miseria.

• Observa el amanecer por lo menos una vez al año.

• Estrecha la mano con firmeza, y mira a la gente de frente a los ojos.

• Elige a un socio de la misma manera que elegirías a un compañero de tenis: busca que sea fuerte donde tú eres débil y viceversa.

• Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra.

• Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.

• Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.

• Maneja coches que no sean muy caros, pero date el gusto de tener una buena casa.

• Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.

• No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.

• Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche. Dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza.

• Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.

• Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.

• Haz lo que creas que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.

• Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.

• Aprende a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas.

• Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.

• Recuerda el viejo proverbio: sin deudas, no hay peligros ni problemas.

• Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. El que no vive para servir, no sirve para vivir.

• Acude a tiempo a tus compromisos. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.

• Confía en la gente, pero cierra tu coche con llave.

• Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también 'el gran riesgo'.

• No confundas confort con felicidad.

• Nunca confundas riqueza con éxito.

• No pierdas  el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.

• No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.

• Aunque tengas una posición holgada, haz que tus hijos paguen parte de sus estudios.

• Haz dos copias de las fotos que saques y envíalas a las personas que aparezcan en las fotos.

• Trata a tus empleados con el mismo respeto con que tratas a tus clientes.

• No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.

• No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.

• Nunca compres un colchón barato: nos pasamos la tercera parte nuestra vida encima de él.

• Escucha el doble de lo que hablas (por eso tenemos dos oídos y una sola boca).

•Cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a amigos.

• Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos.

• Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.

• Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.

• Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.

• La gente más feliz no es la que necesariamente tiene lo mejor de todo, sino la que disfruta de cada instante de su vida.

Publicado 19-10-2021. Josefina MM.

La historia no es mía, es una de tantas que circulan por Internet. Pero ante todo

PON A DIOS DELANTE DE LO QUE HAGAS. Los sabios comparten la sabiduría, los necios la desechan.

domingo, 16 de agosto de 2020

EL BUEN CARÁCTER VALE ORO (Cuento popular escandinavo)

En un lejano pueblecito todo cubierto de nieve habitaba un matrimonio ya viejo, aunque eran pobres marido y mujer vivían contentos y felices, dispuestos a encontrar bien hecho lo que el otro hacía.
Poseían un caballo, todavía brioso, que prestaban a los vecinos de la aldea siempre que alguno lo necesitaba. A cambio de estos favores los dos viejos recibían algún que otro regalo de la matanza de los cerdos.
Un día de feria en el pueblo cercano, dijo el viejo a su mujer:
-¿Qué te parece si fuera a vender el caballo a la feria? Somos ya viejos y cualquier día podemos tener necesidad de dinero.